
-Mi familia es como la de El Padrino- me anunció Sergio en una entrevista.
Y no dijo más.
Esa noche compré la película en un puesto de cds truchos y me senté a verla, no para encontrar respuestas, sino para formular preguntas. En otra de nuestra charlas, traté de volver sobre el tema, pero Sergio retrocedió sobre sus palabras:
-Todas las familias son como las de El Padrino.
El 11 de enero de 2005, Sergio salió por un día de la isla Silvia para ir a visitar a la suya. En la historia institucional de cualquier joven internado en una comunidad terapéutica, ese reencuentro con la calle no es sólo un alivio a tantos meses de encierro: es también un símbolo de que ya están mucho mejor.
En la villa de Lanús donde se crió sabían eso, y lo recibieron con un asado y un regalo: el padre le había preparado un Fiat 128 sólo para él.
Fue un día feliz: el hombre que tantas veces lo había rescatado de la comisaría, el que le hablaba para que trate de ande bien, lo reconocía como adulto.
Ninguno de los dos sabía que jamás se volverían a ver. El 14 de enero, ya de vuelta en la isla, Sergio recibió la noticia: habían encontrado el cuerpo de su padre con un balazo en la sien. Problemas en el barrio, dijeron. Quizás un ajuste de cuentas.
Al enterarse, pidió que lo dejasen solo. Estuvo una semana sin hablar con nadie. Era su forma de hacer el duelo, pero también de pensar en el futuro. Le quedaban pocos meses de internación, y con la muerte de su padre se convertía en uno de los pocos varones adultos de su familia.
El resto del texto y las fotos en la página de sub.coop
Comments:
Los blogs son, o pueden ser, una colección de las cosas que nos gustan. Es decir, estoy que te linkéo.
Ya paso de nuevo.
Chao.